
Las supersticiones, aunque parezca mentira, siguen moviendo poderosos hilos y mucho dinero, así que seamos serios a la hora de definirlas. Según el Diccionario de la Real Academia, la superstición es “la creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón”. En esta definición destaca la fineza política de la Academia para no meterse en embolados.
Con igual tacto, pero sin morderse la lengua, el diccionario de María Moliner pone las cosas en su sitio: “superstición es la creencia en alguna influencia no explicable por la razón en las cosas del mundo”. Esta amplia definición nos satisface porque ahí caben muchas cosas.
En las supersticiones, como en todo, hay grados. Están esas pequeñas manías sobre el número trece, las herraduras o la sal derramada. Claro, que de ahí se puede pasar al campo de la cartomancia, la astrología o la quiromancia. Pero esto es solo la puerta de entrada al reino del oscurantismo.
Un paso más allá se encuentran los peligros reales, en forma de sectas y pseudo-ciencias. En esta galería de horrores encontramos la cienciología, la eugenesia, el biomagnetismo, la cromoterapia y demás mandangas que, presentadas muy seriamente, logran desplumar a los incautos y envenenar las mentes de sus acólitos.
Para evitar caer en estos infiernos terrenales, recomendamos mucha lectura, espíritu crítico y grandes dosis de sentido común. Eso, y la firme voluntad de no caer en la superstición, como propone Steve Wonder. (Ver vídeo)
P.D. : Y sí, de las religiones, ya hablaremos otro día.